dimecres, 22 de juny de 2011

Hasta ahora :')

Suena el despertador. Para mí, el despertador no produce ningún sonido, desde mi punto de vista, hace un ruido espantoso, uno de los más molestos en este mundo. Abro lentamente los ojos, lo paro y me recuesto otra vez en la cama. No quiero levantarme. Obviamente, porque estoy cansada. Pero hoy no es un día como otro cualquiera, hoy es EL DÍA. Y si me levantara me estaría rindiendo, le dejaría ganarme y haría lo que se supone que tengo que hacer. Desde luego, NO QUIERO LEVANTARME. Eso significará tener que verlas a todas y no tengo ningunas ganas de despedirme, porque no quiero separarme de ellas. Aún así, me levanto. Me visto con una falda a cuadros verdes y azules, un polo blanco, unos calcetines cortos, también verdes, y unos zapatos negros: mi uniforme. He tenido que llevarlo de 9 a 5, de lunes a viernes desde que tenía 3 años y de eso hace ya un tiempo. Es también desde los tres años que las conozco a la mayoría de ellas, otras se incorporaron a los seis y hay algunas a las que conocí aún más tarde.
Me miro en el espejo, intento hacerme a la idea de que hoy es el ultimo día que me veré con esta ropa. Una fuerza invisible me aplasta los párpados intentando cerrarlos, se llama sueño y está intentando dormirme para no tener que ir hoy al colegio. Después de arreglarme y de desayunar, cojo mi mochila y salgo de casa. Camino hacia el colegio a un paso rápido y firme y me digo a mí misma que no me preocupe, que no será la última vez que pase por aquí. Pero no puedo evitar pensar que nunca lo haré de la misma forma. Me gustaría poder pasear hacia mi destino, fijándome en cada detalle que me llama la atención todas las mañanas y recordando mi rutina, pero mi reloj marca las 8:57 y tendré que hacerlo como siempre, corriendo. Quizás sea mejor así. Al llegar a la estrecha calzada que se dirige a la puerta de entrada mi corazón se acelera pero mi paso se relaja. Reconozco a algunos de los padres que veo todos los días llevando a sus hijas al colegio y sonrío para mí. Llego a la puerta, entro y voy caminando, saboreando las últimas gotas de monotonía que podían quedar en estos últimos días. Una vez en mi clase, después del discurso de la directora y de la entrega de premios, llega el momento que todas evitábamos esperábamos. Algunas han preparado una pequeña sorpresa como despedida. No lloro, hasta que giro la cabeza hacia atrás y veo a Andrea y a Inés sollozando por lo bajo. En ése momento, las lágrimas empiezan a brotar de mis ojos como de un manantial, no puedo parar. Es todo tan… único. Me siento a su lado y las abrazo con fuerza, pero cuando me doy cuenta, Edna, María, Raquel, Tamara, Cristina… casi la mitad de la clase está ya emocionada. Hace apenas unos minutos estábamos bailando y cantando a pleno pulmón, y ahora nos damos cuenta de que probablemente sea la última vez que nos veamos todas juntas, en uniforme, en el cole. Que podremos quedar pero que ya no seremos todas las que nos veremos todos los días. Somos 24, hemos perdido a algunas por el camino pero somos una clase, un grupo, una piña, llámalo X. Muchas dirán que hemos pasado buenos y malos momentos, aunque yo no creo que se le deba dar importancia a la calidad de ésos momentos sino a la cantidad. Son 13, 10, 6, 5 o 4 años, AÑOS enteros pasados (bien o mal) juntas. Hoy no nos decimos adiós, tampoco nos decimos hasta luego, nos decimos hasta ahora. Me he dado cuenta de que he aprendido mucho de todas vosotras, de lo importante que sois para mí, de que eso que dicen que no valoras lo que tienes hasta que lo pierdes, es verdad, de que el roce hace el cariño, y de que la confianza no da asco, es genial. Vosotras sí que sois geniales, os echaré muchísimo de menos. Porque hoy es el último día de colegio de este curso, pero yo siempre me consideraré de 4ºA <3
Hasta ahora,
Ruth

1 comentari:

  1. Me encanta el relato, lo veo genial, super bien hecho y muy bien detallado, yo te pongo un diez.
    10
    Felicidades.

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