diumenge, 12 de desembre de 2010

Rompeolas (Trabajo de creación literaria)


Que rabia le da a X que todo le salga mal. Y es que en los días malos, como hoy, no da pie con bola. Le da la sensación de que todos van a por él y francamente, parecen culparle por ese pesimismo que, por otra parte, sí es culpa suya… ¿o no? Eso le da más rabia, no sabe por qué está enfadado, tan irascible, culpa a todo el que se cruza en su camino y les contagia de esa mala gana con la que hace las cosas en días como éste. Días en los que se levanta con el pié izquierdo, días grises.
 Ahora, observa silenciosamente el acantilado y junto a él, lasrocas donde chocan con fuerte estruendo las olas, al lado de su casa. Pronto dejarán de oírse, la marea bajará, y el mar se calmará. Entonces deberá escuchar el odioso silencio, la calma después de la guerra. Pero para eso todavía quedan unos minutos. Intenta relajarse. A pesar del frío que hace, no parece sentirlo. Diminutas gotas de agua salada que saltan al chocar contra la piedra le humedecen la cara. Respira hondo, la imagen violenta del rompeolas hace por él lo que le es imposible. Se siente impotente, querría patear y destrozar algo, desatar toda su ira, gritar. Entonces, cambia de actitud y lo hace. Grita. Un rugido que parece destrozarle la garganta. Y en ese gruñido lo suelta, deja que salga su tormento, su hastío y se tumba. Cierra los ojos y oye su eco unos segundos después, todavía respira entrecortadamente. Ya se siente mejor. ¿Sería un típico adolescente? Con esos cambios de humor que tanto mencionan en la televisión: días de incontrolable cólera, días de incondicional felicidad... Él prefiere pensar que en alguna  parte de su subconsciente, algo lo ha cabreado. No es posible que todo eso sea obra de las hormonas, las dichosas hormonas. Ya está más calmado, aunque no tiene ganas de moverse. Al cabo del rato comienza a sentir el frío del que le protegía su agitación. Estando tranquilo, su temperatura vuelve a ser normal y siente la necesidad física y mental de moverse. Calmado ya por fin, recoge el abrigo y la mochila del suelo, a unos metros más allá de él. Una vez abrigado y cargado, comienza a caminar hacia su casa, a unos cinco minutos del acantilado.
Mientras camina y entra va experimentando el sentimiento de culpa por haberse comportado mal con todos aquellos que se hallaron a lo largo del día a su alrededor. Principalmente con sus padres. Llega al salón, su madre está en el estudio y su padre se relaja leyendo el periódico en su butaca. "Ahora no." Se dice, y sube tranquilamente a su cuarto aún sin saber lo que va a decirles a la hora de la cena. De momento, se cambia de ropa, echa la sucia a lavar, ordena un poco su cuarto, y hace los deberes. Así se siente más tranquilo, al menos ha hecho algo bien. Al llegar las nueve y media baja y empieza a sacar platos, vasos y cubiertos. Su padre está acabando de hacer la cena.
-          Papá.- Intenta parecer firme. -Perdóname por mi mal humor de esta mañana, ha estado fuera de lugar.
Su padre apenas se gira y le dirige un gesto de aprobación:
-          No te preocupes, chaval, yo también tengo mis días.
X acaba de poner la mesa y va a por su madre. Convencerla a ella será más difícil, pero al fin y al cabo, es su madre, ¿no? Entra en el salón y se sienta a su lado, ella sabe lo que pretende y le observa con atención.
-          Mamá, lo siento mucho, no era mi intención disgustarte, he sido un egoísta al contestaros mal a ti y a papá esta mañana. ¿Me perdonas?
Su madre le abraza y X siente que vuelve a vivir. Ahora está calmado, el buen humor vuelve. Mañana será otro día, esperemos que el de hoy no se repita.

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